Equivocándome, equivocándome...Triunfé conociéndome.

Esta semana era importante, el miércoles cumplía 29 años y por alguna razón tonta sin ningún tipo de base científica pensaba que sería una semana perfecta y nada más lejos de la realidad. Me he dado cuenta de que voy cumpliendo años y sigo cometiendo errores, incluso más que cuando era una adolescente. Sigo dándome golpes con la realidad, a veces predecibles, pero con la mala costumbre de ponerme una venda en los ojos para no ver lo que se viene.

Me engaño, constantemente, porque me da miedo el dolor. Porque soy sensible, a niveles inimaginables. Lloro mucho, cada vez con más facilidad. No sé si está bien, pero soy así y sé que es algo que no va a cambiar. Personas PAS creo que nos llaman, esa manía que tenemos ahora de ponerle nombre a todo, básicamente una llorona.

Trato de hacer las cosas lo mejor posible, trato de ser empática, de estar para todo el mundo y a veces siento, quizás egoístamente, que poca gente lo hace por mí. Ya os digo, ha sido una semana dura y puede que no esté siendo totalmente objetiva.

¿En los malos momentos quién está? ¿Por qué no estás? ¿Siempre he sabido que era así? ¿Por qué los perros no pueden ser eternos? ¿Puedo sentir que una persona me ha decepcionado? ¿Por qué soy así? ¿Quién piensa en lo que yo quiero?

Esas son algunas de las preguntas que han estado acribillándome estos días. La vida es muy complicada, en la mía convergen personas tan variopintas, cada una con su forma de ser, sus pensamientos, sus virtudes y sus defectos, que para mantenerlas no queda más remedio que encontrar ese punto en común. En algunas situaciones suele ser rápido pero quizás esa unión no aguante el desgaste del tiempo. Otras veces cuesta, chocas una y otra vez, sientes que una persona saca lo mejor y lo peor de ti. Pero realmente son las que importan, porque te enseñan todo lo que no te gusta de ti, lo que te aleja de ellas, te aleja de ese punto en común que tienes que encontrar para mantenerlas en tu vida, porque merecen la pena. Y en el camino creces como persona, aprendes sobre ti. Porque nadie quiere a sus defectos y es cuando te esfuerzas por mejorar, por ellas pero sobre todo por ti.

Esas personas son las que suman, las que necesito. Y por ello quiero hacerlo bien, no equivocarme tanto. A veces entro en un círculo vicioso porque sé que hago daño y me siento mal, me pierdo. Porque te pueden decir cual es la forma más correcta de afrontar una situación pero hay un monstruo gigante con el que lucho en mi interior que sigue ganando muchas batallas: el orgullo.

¿Cómo acabo con él? Lo odio, me odio cuando le dejo que dirija mi comportamiento. Aunque honestamente en muchas ocasiones también ha sumado. Quizás, más que acabar con él tendría que hacerme su amiga, enseñarle cuando es necesario. Aprender a controlarlo.

Esta semana he asumido una realidad que mucha gente veía, que se trata o bien de aceptarla o de alejarla y opté por la segunda opción, y dolió, y lloré pero aprendí. Las relaciones se forjan a fuego lento y a veces es duro entender que si una de las partes no se esfuerza no se llega a ningún lado. Por otro lado tengo a una persona que se tiene el cielo ganado conmigo, y yo con ella, no nos vamos a engañar. Gracias por enseñarme tanto y aguantarme tanto.

Aún le quedan dos días a esta semana nefasta en la que no he dormido, he pasado mucho calor, he llorado y he discutido. Por favor, si hay algo ahí, ya sea un dios, el destino o el karma, mejórala, que acabe bien, que ya he tenido suficiente. Ojalá y julio tenga esa semana perfecta que ha faltado en mi mes.



Seguramente en unos años tendré muchas preguntas más que hagan que me siga cuestionando... Espero al menos haber resuelto alguna de las que tengo ahora. L.



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